Regresó camino de la posada, apresurado y escoltado por el reflejo de su propia sombra, que alargada se proyectaba sobre las paredes blancas de las blancas casas, al pasar por delante de las viejas farolas de luz macilenta.

Cuando Pichín alcanzó el mesón, entró a su dormitorio por la ventana que permanecía entreabierta, como la dejó al salir. Dentro y con el mayor sigilo posible, se dispuso a reunir lo más imprescindible de sus enseres que colocó en un saco de tela, se aseguro de que llevaba el cilindro con el plano y la pequeña bolsa de cuero con las cinco pepitas que le quedaban y de nuevo se dirigió a la ventana, de repente le asaltó la congoja por no despedirse del "Maestro" y de Isabella, no podía ser tan ingrato, buscarlos en sus aposentos y explicarles todas las circunstancias que concurrían, le llevaría demasiado tiempo, apostó por escribirles una carta, buscó en los cajones del viejo mueble de su habitación que soportaba una también rancia lamparita, encontró un tintero medio reseco y una pluma algo despuntada, localizó unos trozos de papel cortados de forma caprichosa que le podían servir y se sentó:

"Se me hace muy difícil explicaros mi decisión, todo se ha precipitado de manera sorprendente y marcho embarcado en busca de nuevos horizontes, necesito descubrir otros lugares, conocer gentes distintas y ahondar en el interior de las personas, siento una gran tristeza al alejarme de vosotros pero sé que Isabella prestará una importante ayuda al "Maestro" a quien agradezco cuanto me enseñó, y tú Isabella encontraras en él, al padre y protector que no tuviste y añoraste. Perdonad mi brusca despedida, siempre estaréis en mi corazón - PICHÍN".

M

Dobló con cuidado la misiva, salió y caminó de puntillas por el corredor, buscó la puerta del aposento en donde descasaba el "Maestro" e introdujo la carta por debajo de la puerta, regresó para recoger sus ropas y salir de nuevo por la ventana. Sintió que la noche enmudecía, al tiempo que perdía oscuridad.

Bajó al muelle donde rápidamente localizó la nave "Estrella de Mar", tampoco habían muchos barcos y desde lejos apreció en él una intensa actividad, augurio de una clara intención de hacerse a la mar.

El "Capitán" le vio avanzar entre los muchos barriles vacios y amontonados que en un extremo del puerto envejecían, salió a la escalerilla para recibirle al tiempo que le decía:

- ¡Buen muchacho! ¿Trajiste el mapa? Ven te llevaré a tu camarote.

Pichín le siguió hasta un habitáculo bastante estrecho e improvisado, provisto de un camastro y próximo a la bodega del barco.

- Te hemos preparado este lugar, espero que te encuentres cómodo, al menos estarás independiente, como yo, la tripulación viaja en un espacio común para los cuatro.-

El patrón sin más, subió al puente de mando tomó el timón y grito:

- ¡Zarpamos! Izad la escalera, desplegad las velas del palo mayor y la mesana, todo el mundo a sus puestos.-

Lentamente la goleta "Estrella de Mar" se adentró hacia mar abierto.

Francisco Ponce Carrasco
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