Durante la sobremesa Pichín se mostró intranquilo, no sabía si anunciar al ''Maestro'' y a Isabella sus inquietudes de marchar, o no hacerlo para evitar romper la magia de aquella entrañable tertulia, el ''Maestro'' advertía su desazón y le miró en un par de ocasiones un tanto inquisidor, por fin decidió mantener silencio por el momento, en espera de mejor oportunidad y de tener una certeza en su partida.

Se pasaron la tarde haciendo proyectos para las próximas jornadas, recordaban momentos y anécdotas acontecidas, reían felices hasta que la noche se cerró, aprovecharon para tomar algo ligero de cenar y se retiraron a sus aposentos deseándose los mejores sueños.

Pichín una vez se encontró en su habitación, sacó de su bolsillo el cilindro de metal y se dispuso a extraer con sumo cuidado el pergamino de su interior, parecía hecho con piel de algún animal poco corriente por su textura, y en el mismo se encontraban unas inscripciones y rutas que conducían por lugares para él desconocidos, finalizando en un destino que se veía algo borroso por el deterioro del documento, quizá por efecto del tiempo alguna parte orgánica del pergamino se había corrompido ligeramente. Lo que parecía cierto es que señalaba un archipiélago de pequeñas islas y una de ellas, la ubicada en la parte central, se indicaba como destino para encontrar algo importante, empleó varias horas en tratar de interpretar su significado sin alcanzar a descubrirlo.

Al fin desistió guardando entre el jergón y las tablas de madera, que le servían de lecho, el plano que había devuelto al interior del cilindro metálico e intentó dormir, no podía, le mordía la zozobra y la más febril curiosidad, pensó en salir a transitar por las calles de aquel pueblo costero, decidido con la máxima cautela se deslizó con sigilo por la baja ventana de su habitación.

M

Una vez en la calle deambuló sin rumbo fijo, sintió el aire fresco de la noche en su rostro y lo agradeció como bálsamo tranquilizante de su congoja. En una apartada plazoleta encontró un lugar con luz incitante y escuchó bullicio en su interior, se acercó y pudo leer encima de la puerta "La Cueva del Marinero" con letras desgastadas, pronto le acudió a la mente la invitación de aquella mujer, que quizá confundiéndole, le había reclamado su presencia, decidido entró, algunos clientes le miraron curiosos y otros susurraron entre ellos, la propietaria le llamo Baster y le dijo con amplia sonrisa:

- Sabía que tras nuestro encuentro esta mañana, hoy nos vendrías a visitar, ¿Te preparo tú mesa favorita?

Pichín asintió extrañado del trato pero se dejo llevar, una vez sentado la dueña le volvió a preguntar:

-¿Lo mismo que tomabas siempre?

Afirmó con un gesto, desconocía que era, pero mejor amoldarse.

En la mesa contigua varios tipos hablado entre dientes parecían animar a quien llamaban ''Capitán'', para que abordara al muchacho, así sucedió y el hombre se levantó tomando asiento junto a Pichín.

- Bienvenido Baster, corrió el rumor de que tú y tu abuelo habíais sido fusilados por los soldados del regimiento, veo que te salvaste.

Una guapa señorita trajo una jarra de ron que le dejó delante diciéndole:

-¡Cómo en los viejos tiempos!


M


Pichín seguía cada vez más desconcertado pero intentaba aparentar tranquilidad, el ''Capitán'' alzando el vaso de vino que tenía en la mano le animó a que hiciera lo propio con su jarra y bebieran juntos, aceptó y haciendo un gesto de amistad elevó la vasija mirando a su acompañante y a los hombres de la mesa próxima, quienes imitándole bebieron a su vez. Por la garganta de Pichín entró una lengua de fuego, él no había probado nunca aquella bebida, se puso rojo y a punto de salir en busca de agua que le amortiguara la fuerte sacudida, se contuvo tratando de aparentar normalidad.

El ''Capitán'' le preguntó:

- ¿Qué te trae por aquí de nuevo, sabiendo que te juegas el pellejo?- y añadió:

- Esta mañana te vi entrar en el viejo fortín y salir lleno de barro y me dije ¡Listo el chico!, viene a buscar lo que escondió su abuelo.

- ¿Qué escondió mi abuelo?

- Vamos Baster conmigo no te hagas el ignorante, tanto yo como mi tripulación sabemos que tu abuelo tenía el plano que conduce a la isla de las ''aguas de plata'', donde se dice existen muchos tesoros escondidos, ¿Tienes el plano verdad?... podríamos ser socios tú conoces el sitio y yo tengo el barco y la tripulación adecuada para zarpar rápido, iríamos a la mitad, trato justo, tú estás solo y yo tengo que repartir entre mis cuatro marineros.


A Pichín se le amontonaban las ideas, sabía que le estaban confundiendo con otra persona, pero también que tenían conocimiento de la existencia del plano; empezaban a cuadrar todas sus sospechas, comprendió que era una forma de descubrir su contenido y que el ''Capitán'' sabía mucho sobre lo que él ignoraba del pergamino, no lo pensó más y le dio un sí, con la cabeza, el ''Capitán'' le tendió la mano que él estrechó.

- Salimos de inmediato.- le espetó.

Pichín le dijo que tenía que recoger algunas cosas de la posada, entre otras el plano, y que precisaba unas dos horas.

El ''Capitán'' algo contrariado pues pensaba que llevaba consigo el mapa, no tuvo más remedio que aceptar pero le advirtió:

- Te esperamos en el muelle, ya sabes la goleta "Estrella de mar", no se te ocurra traicionarnos ya que de lo contrario nosotros acabaremos lo que dejaron sin terminar los soldados.

Pichín entendió la amenaza pero en su ánimo estaba correr la aventura y si bien no le gustaban en demasía sus compañeros de viaje, era su oportunidad de seguir conociendo el mundo.




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Francisco Ponce Carrasco
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