Pichín, el tomate parlanchín

La esperanza de Rebeca

Pichin el tomate parlanchin en la hemeroteca

Desperezándose entre la bruma de la mañana, su alma reúne el canto alegre del gorrión, el exultante colorido de las flores en primavera y el murmullo agónico de las hojas en otoño. Todo lo custodia el duende mágico que vive oculto en sus márgenes, entre bosques de juncos, se mecen los sueños que un día le confiaron voces cálidas, tristes, anhelantes o enamoradas. En su apenas ondulada superficie se reflejan los guiños de las estrellas en noches de verano y la lluvia golpeando sus aguas en invierno.

Todo eso lo sabía Rebeca. También sabía que el río discurría colina abajo, alegre, juguetón, despreocupado, en dos ocasiones se escondía un instante, al pasar bajo los puentes que lo cruzan. Aquella primavera, como cada primavera, las nieves se fundieron, la hierba creció, libre del hielo que la aprisionaba, y el sol inundó con dorados rayos aquel trozo del mundo.

La joven pastorcilla guió a su rebaño más allá del valle. Una vieja y derruida casona de rojo ladrillo, le servía de cobijo en los atardeceres de cielo violeta. Tres perros color canela le rodeaban.

Cada amanecer, siempre seguida por sus lebreles, Rebeca se preparaba una hogaza de pan que untaba con aceite, verde oliva, que cubría con blanco queso de oveja. Después se lavaba en el azul arroyo, cerraba su refugio y se dirigía, junto a sus ovejas, arriba, muy arriba, hasta el nacimiento del riachuelo. El silencio, apenas roto en ocasiones por el tenue silbido de la brisa. O el lejano graznido del negro cuervo, al amanecer. Sólo eso necesitaba Rebeca en su vida.

En julio, el calor fue sofocante. La hierba se puso amarilla, se volvió quebradiza, y fue expulsada por el viento. Las mariposas de alas púrpura, cayeron abrasadas por los rayos de un sol implacable, los escarabajos y escorpiones de anaranjado color que solían circular por la llanura, ahora se refugiaban del bochorno en las grietas de la tierra reseca.

Emigraron del cielo alondras, mirlos de gris plumaje y pajarillos de mil colores. Y el ya exiguo caudal del arroyuelo se evaporó.

Desesperada Rebeca imploró a la tormenta, ¡Señora de las nubes!, acércate y permite que mis animales beban y se refresquen. ¡Señora de los amaneceres! No dejes que mi rebaño muera y calma con tu roció su sed. ¡Señora de las nieblas!, extiende tu poder sobre estos montes y envuélvenos con tu ansiado frescor.

Tanto imploró, rogó y suplicó, que se durmió agotada y llorando. Sus lágrimas alcanzaron el suelo y poco a poco, sin saber como, se fueron convirtiendo en fresco riachuelo, el viento alborotó su largo cabello y la niebla, cubriendo la campiña, había empapado sus ropas y la lana de los corderos. Su tristeza y desolación se habían transformado en esperanza y ésta había hecho el prodigio.

Rebeca abrevó a su rebaño. Anduvo por montes y laderas. Y al llegar la noche, una vez recogidos los animales, se acercó hasta el río. Respetuosa, metió sus manos en él y las sacó llenas de estrellas.

Entonces miró hacia arriba y vió a la luna que por las llanuras del cielo pastoreaba un rebaño de nubes al, tiempo que le guiñaba un ojo y le sonreía.

* * * * *

Pichin cerró el libro, observo con el rabillo del ojo a sus compañeros que faltos de agua estaban a punto de desplomarse al suelo, luego levantó la vista al cielo, una bóveda cuajada de puntos relucientes le cubría. Se exasperó. A lo lejos distinguió la cara de la luna, sí era la misma luna del relato seguida de blancos algodones. Le solicitó con fé un poco de agua, las nubes abrieron sus compuertas y la lluvia les trajo, de nuevo, la vida.


Bibliografía

Pichín, el tomate parlanchin, es un personaje creado por el escritor, Francisco Ponce Carrasco, esencialmente para ilustrar con sus relatos esta vuestra revista: Terralia.

Sus aventuras serán variadas acariciando lo cotidiano. En ocasiones relacionadas con temas agrícolas, lúdicos, esperpénticos con un ligero talante de humor, pero sobre todo humanas y si es posible que inciten a cierta reflexión. Tanto el autor como esta editorial agradecen su lectura y seguimiento en cada publicación.