Salida Negociada

Con las debidas precauciones, acordaron bajar a comprobar la identidad, y si vivía, el que parecía firmemente ser el fugitivo. Pichín y Sundi caminaron rodeados de las amazonas hasta llegar a la plazuela, allí comprobaron que los grandes monos “Dimba” habían acabado con la vida del Capitán de la manera más atroz.

Se había hecho justicia, sobre un hombre malvado, y los ejecutores fueron los grandes simios, a pesar de ello convinieron que debían recogerlo y darle sepultura, mucho se jugaban, pero les pareció que debían hacerlo.

Lo bajaron del mástil donde lo inmolaron y sobre una improvisada camilla, hecha con unas ramas de palmera secas que encontraron, trataron de salir por el mismo camino que entraron.

El plan parecía sencillo, hasta que descubrieron en todos los oscuros pasadizos, multitud de grandes ojos apiñados y silenciosos.

Un enorme simio se adelantó emitiendo atronadores gruñidos y gestos que dejaban clara su indignación, después el silencio se evidenció, de nuevo se dejó escuchar con los mismos gruñidos y ademanes, en lo que parecía un intento por hablarles.

Taumji, - la amazona - se salió del grupo y con gesto desafiante emitió unos rugidos, parecía que quería entenderse con el “Dimba”, se intercambiaron diferentes sonidos guturales, con ímpetu, al final con un gesto el gran mono pareció autorizarle a que hablara a sus compañeros.

Cuando Taumji regresó la escucharon impacientes:

-  – Luego añadió – Dicen acompañar salida y señalar dirección Atimon, camino corto. Pedir condición <<palos de trueno>> de hombres, deben entregar.-

Pichín le contestó:

- Precisamos los fusiles para poder regresar con garantías ante cualquier peligro.-

-Yo decir…, dejarán lanzas y otras armas, palo como el del Capitán ser muerte.-

No tenían otra alternativa, Pichín y Sundi, tras descargar de munición las armas, se acercaron al gran “Dimba” y le entregaron las carabinas, rápidamente dos monos, las cogieron por el cañón y las golpearon contra el saliente de una pared de roca, hasta destrozarlas.

Luego cuatro “Dimbas” provistos de antorchas, les hicieron señas para que les siguieran, sacando al grupo por una cueva distinta de la que habían entrado, las características del pasadizo eran muy similares, aunque este parecía más corto.

Pronto y al fondo divisaron luz natural. Cuando salieron una verde planicie con escasa vegetación les acogió.

El gran “Dimba” volvió a emitir extraños rugidos señalando al sol y regresó por donde habían salido.

- Taumji - explicó- Dicen seguir camino hacia donde ponerse el sol.-

Con la mayor rapidez emprendieron la marcha, convenía alejarse rápido, y tomaron el sendero que discurría hacia donde les habían indicado, mientras se alternaban en llevar al Capitán en aquel rudimentario féretro.

Un poco antes de que el sol se ocultara, empezaron a reconocer algún detalle en el entorno, que les recordaba haber pasado por allí cuando iniciaron la búsqueda y comprendieron que la dirección era acertada, la rectitud del sendero les aproximaría pronto a las puertas de Atimon, con suerte, en un par de jornadas.

Lo más pesado era cargar con el capitán, lo que suscitó la duda y la división de opinión entre las amazonas, de si enterrarlo ya, o llevarlo hasta el poblado para convencer a todos de su muerte y sepultarlo junto a sus compinches al pie del monte Yundú con todos los espíritus malditos, que era el lugar que merecía.

Encendieron un pequeño fuego y cenaron alguna escasa reserva de provisiones que les quedaba, racionando el agua.

Decidieron que si se confirmaba el buen ritmo de viaje, intentarían llevar al Capitán hasta el poblado, al menos ese fue el acuerdo que al final tomaron entre todos. Luego como de costumbre nombraron turnos de vigilancia y descansaron al abrigo de unos bajos arbustos.

Apenas alcanzaron a despuntar los primeros rayos de luz, emprendieron la marcha con premura, tenían deseos de llegar a Atimon y reencontrarse con los suyos, Pichín era el que menos júbilo mostraba, pero comprendía a todos los demás, tenían a alguien que les esperaba.

La jornada avanzó a buen compás, comenzaron a mostrarse los primeros árboles de gran tamaño y ante sí se les presentaba un montículo pronunciado que debían superar, cuando lo consiguieron y de nuevo el sol declinaba, con visible cansancio aprovecharon un grupo de árboles “Ayous” de blanquecina madera, para tomarse un respiro a su sombra.

Al poco percibieron un ruido de galope, como de animales en carrera, ¿Qué podría ser? tomaron la precaución de subirse a las primeras ramas, hasta saber de qué se trataba.

Cada vez se acercaban más hacia donde ellos estaban, alguna Amazona sugirió que podían ser “Tilonidos” salvajes, lo que reconocieron poco después, con un grito de alegría, efectivamente eran una treintena de “Tilonidos” pero montados por Amazonas de Atimon que recorrían la zona en busca de caza.

De inmediato todos a la vez bajaron al suelo y les salieron al paso haciendo ademanes para llamar su atención.

Cuando se encontraron la satisfacción fue inmensa y los abrazos correspondidos. Tras contar parte de sus aventuras, e informados de la preocupación colectiva que existía en Atimon por ellos, lo primero que se decidió fue mandar a dos de las amazonas de la expedición de caza, para que regresaran al galope y anunciar a la Reina y al pueblo que el grupo que salió en busca del fugitivo, habían cumplido su cometido y estaban todos bien, que prepararan un gran recibimiento.

Luego ataron al capitán muerto en una cabalgadura, y el resto se repartió montando a la grupa de los “Tilonidos”.

Marchaban jubilosos, llegarían antes de lo previsto, pero sin forzar a sus monturas conscientes de que iban sobrecargadas.

pichín el tomate parlanchín,